martes, 27 de marzo de 2012

Focos


El pulso ya lo tenía regular, la respiración controlada, el paso firme y decidido. Solo la mano goteaba sangre y maquillaje.
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DRAMATIS PERSONAE

AGENTE 35 años, de carrera, rudo y elegante
PSICÓLOGO FORENSE 47 años, endeble, de aire geek
SOSPECHOSO 46 años, mediocre desapercibido

Cámara negra. Foco blanco sobre silla y mesa centradas en escena. Sombras duras. En la silla está sentado cómodamente el SOSPECHOSO. El AGENTE pasea a su alrededor en silencio. El SOSPECHOSO aprovecha para limpiarse las uñas.

AGENTE. ¿Fuma usted?

SOSPECHOSO. No.

AGENTE. ¿Es heterosexual?

SOSPECHOSO. Sí.

AGENTE. ¿Se traviste?

SOSPECHOSO. No.

AGENTE. Pero se maquilla...

SOSPECHOSO. Tampoco.

AGENTE. (Enseñándole unas fotos que se proyectan en la cámara negra y cubren todo el escenario) Y ¿por qué tenía todo esto en su casa? (Cientos de cajetillas de tabaco rubio y envases de maquillaje pulcramente ordenados).

SOSPECHOSO. Me gusta.

AGENTE. ¿Qué le gusta? ¿Verlo? ¿Tocarlo? ¿Consumirlo?

SOSPECHOSO. Olerlo.

AGENTE. ¿Olerlo?

SOSPECHOSO. Olerlo.

Sin muestra alguna de alteración, sigue descansando en su silla indiferente, mientras el AGENTE por un lateral llama, controlando la situación, ingenuamente.

AGENTE. Que pase el forense.

Entra el PSICÓLOGO FORENSE, apocado. Saluda al AGENTE y se acercan al SOSPECHOSO.

AGENTE. Dice que ni fuma ni se maquilla, que solo le gusta olerlo.

PSICÓLOGO FORENSE. ¿Olerlo? No veo relación con el caso. Déjeme con él a solas. Hablará con más libertad.

El AGENTE hace mutis.

SOSPECHOSO. (Antes de que el gesto de iniciar palabra pudiera darse en el PSICÓLOGO FORENSE) Amigo, es usted muy poquita cosa. No parece fuerte como para aguantar un interrogatorio conmigo. Yo soy un simple asesino, cansado de que intenten encontrar una justificación a lo que no la tiene. Siéntese (levantándose, cediéndole su silla de interrogado y pasándole el brazo por el hombro con ternura).

El PSICÓLOGO FORENSE se sienta en la silla del SOSPECHOSO casi temblando, emocionado.

SOSPECHOSO. ¿Fuma?

PSICÓLOGO FORENSE. No.

SOSPECHOSO. ¿Es heterosexual?

PSICÓLOGO FORENSE. Sí.

SOSPECHOSO. ¿Se maquilla?

PSICÓLOGO FORENSE. ¡No!

SOSPECHOSO. Y... ¿para qué querría todo eso si fuera un asesino en serie de actrices?

PSICÓLOGO FORENSE. (Silencio prolongado, intenso de miradas mutuas) Para olerlo.

SOSPECHOSO. ¿Lo ve? Era fácil. (Silencio breve. Se acerca, se sitúa detrás, mira al vacío recordando y posa sus manos sobrelos hombros del nuevo interrogado) Y ¿por qué le gusta olerlo?

PSICÓLOGO FORENSE. Porque mi primer recuerdo olfativo es el del tabaco rubio mezclado con el maquillaje en los camerinos del teatro de mi padre.

SOSPECHOSO. ¿Sí? ¿El mismo olor a camerino donde jugabas al escondite con tu hermano, donde visteis a tu padre estrangular a la primera bailarina?

PSICÓLOGO FORENSE. El mismo.

SOSPECHOSO. Cámbiame el sitio. Ya lo tienes. Haz con ello lo que consideres oportuno.

El PSICÓLOGO FORENSE se levanta y cambia el puesto a su hermano, que continúa con la misma actitud de serenidad casi feliz. El SOSPECHOSO se dirige al proscenio, mira a la oscuridad, y yendo hacia bambalinas...

PSICÓLOGO FORENSE. (Al público) ¡Inspector! (Que no volverá a parecer en escena) Imposible... No ha dicho nada importante. Si no tiene más pruebas que éstas, el informe forense no le ayudará. Está limpio. Es un tipo normal. Guarda tabaco y maquillaje como podría coleccionar cromos. Un tarado más como otros muchos.

En la cámara negra se proyectan fotos de las muertas que rematan con la de un titular de periódico antiguo:"La falta de pruebas cierra el caso del asesinato de la esposa del empresario del Teatro Calderón".



OSCURO

La divina teatrera

Estudiado simulacro… Era una buena Capuleto. Sufre la locura del amor como Ofelia. Como Desdémona se asfixia ante la mentira pero instiga por el placer de ver sangre en las manos de Macbeth. Vive como una condesa pero morirá descalza. No era Garbo la divina, la Divina es la Comedia. Yo también bajo la escalera como Norma Desmond, todos los días… hasta el final, hasta perder la dignidad en el metadrama. Puro teatro.

Dibujo de Juanjo Caro