martes, 23 de abril de 2013

Mediocres olvidados


Y tras una semana allí en su cuaderno de viaje solo había escrito: "Observo en los lugareños una insólita felicidad y pérdida de memoria".

La nanoficción más breve de la historia ponía en práctica la teoría del iceberg: "Es falso".

Asomada al balcón, se hacía la sorprendida viendo a los CSI levantar el cadáver de la vecina que le robaba la ropa del tendedero.

Las siamesas W quisieran dedicarse al circo, con la mujer barbuda. Tienen tanto trabajo con el spanglish...

A la hipótesis interminable le dolía el corpus de tanto estirarse, hasta que se atomizó en múltiples capítulos e infinitas conclusiones.


La primera vez no hubo caricias en la última fila porque todos pensaban que el tren se les venía encima.




Poco después de la medianoche se fundió la estrella sobre el portal y así José pudo besar a María en la ocuridad.

Cuatro lados, cuatro esquinas, ocho puertas y cinco pasos, y en un segundo de indecisión en el camino su último suspiro sonó como un haiku.

Con dos bebés congelados, está empezando a sentir un frío en su vientre que durará aún dos meses, pero desde la cárcel no podrá mitigarlo.

Tiene surtida a toda la familia de nórdicos de pluma auténtica que recoge de su propio suelo desde hace un mes. Es cálido conocer a un ángel

Seis años de tu vida llegan resumidos en un párrafo a modo de disculpa. Para ellos es un trozo de papel, para ti es un indulto merecido.

El olor del almacén es nauseabundo y César acaba de recordar que escondió de su suegro a la chica, enrollada en una alfombra hace diez días.

Con el tiempo supo que lo que tanto le resfrescaba no eran sus besos de chicle de menta, sino sus ojos de hierbabuena.

Mientras le corta el cuello, ni se imagina que el forense también será un virtuoso de la viola y sabe cuándo se ha destensado una cuerda.