sábado, 22 de septiembre de 2012
¿Dejar de fumar?
Sí, hombre, con lo que me va a facilitar eso las cosas en breve... Iros a la mierda.
Solo los imbéciles
Solo los imbéciles sufren por el sufrimiento ajeno, postergando el suyo propio. Y a eso únicamente puede dársele una solución: o desaparecen ellos o desaparezco yo. Yo no puedo desaparecer, aunque quiero, tendrán que desaparecer ellos. ¿Quién alivia mi deseo de inexistencia? No tengas hijos, no tengas hermanos, no tengas amigos, no tengas no-amores. La vida en el vacío no será vida, pero será tranquila. Muérete pronto, no le des tiempo al reloj, que se joda en su constancia y en su progresión indisoluble. Siempre quedan ganas de la lejanía, del desconocimiento, de empezar de nuevo, pero nunca se puede. Nunca es la palabra que lo llena todo. Y ¿cuál es la forma menos dolorosa? Cobarde hasta el final, que al menos no me duela. Yo no elegí estar aquí. Pero cuando se tienen ganas de mandar todo a la nada es mucho más fácil irte a la nada tú, así, sin mirar el teclado y vomitando letras, mirando ese techo tan mal pintado, escupiéndote tú, como te escupió ese idiota el otro día en la parada del bus por no darle un cigarrillo, como te llamó puta de mierda la otra gilipollas por no darle 20 céntimos para una cerveza, como te llamas a ti misma estúpida por no darte a valer, por eso y por aquellos que te hacen sentir el vacío. Nada merece la pena, ni la alegría... Si al menos creyera en algo... Qué pena no morir y conocer el negro absoluto, tan elegante, tan rotundo, tan nada... tan iros al carajo todos.
jueves, 20 de septiembre de 2012
Huele la noche
Silencio negro y denso. Huele a pintura de rejas secándose rápido. Se
asoma con timidez moviendo la cortina un aroma a dama de noche y jazmín. Y por
sorpresa lo arrastra, a estas horas, un viento de pan tostado y café
recién hecho. El dueño de las pisadas que va dejando humo de tabaco
rubio también se sorprende.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Será que tengo alma de bolero
Sin ni siquiera verlo, con su voz, el mundo pierde sus dimensiones y sus
tiempos. Como hoy. Como cuando llama de vuelta de sus viajes
lejanísimos para decirle que está bien, sin motivo ni justificación. Y
cada primer día laborable de septiembre es su aniversario, aprovechan
para besarse, casi la única vez en el año, con la excusa de la vuelta de las
vacaciones. Doce años enamorados se resumen en doce besos y doce roces
de mejillas, que van construyendo la radiografía del envejecimiento de
un amor en estado puro, del amor que no coincide, de amores que llegarán a estar en zapatillas, bastones y pastilleros.
Nunca sueño contigo
Nunca sueño contigo, aunque siempre estás en mis sueños: tu foto en un cartel en una parada de bus, tu voz en una cuña de radio, tus zapatos negros en el contenedor de basura, la servilleta con la que me hiciste la pajarita de papel. Te paseas por mis noches, cuidándome un poco, cuidándome a veces.
Pero hoy... Hoy estaba tu nombre escrito en una señal de tráfico, una señal de dirección obligatoria. Y luego en otra de vía sin salida. Y aquí sigo, obediente, sin salir, esperando. Cuando quieras me despiertas.
Pero hoy... Hoy estaba tu nombre escrito en una señal de tráfico, una señal de dirección obligatoria. Y luego en otra de vía sin salida. Y aquí sigo, obediente, sin salir, esperando. Cuando quieras me despiertas.
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