sábado, 24 de marzo de 2012

Cortesanas





Eres como yo. Te regalaré mis corpiños y mis joyas. Esta corte necesita una renovación. Primera lección: no te enamores del Rey, nunca.



Las cortesanas metafísicas, V. Campanella

Malena es así




Nunca los escucha en su vida urbanita y moderna, pero esa facilidad para enredársele los pies entre sí tantas veces solo puede tener un origen.


Para mis lectores argentinos

jueves, 22 de marzo de 2012

La araucaria de Magasorhys


Y ese fue el motivo por el que quise desaparecer, pero no es importante. En realidad los motivos de los demás son insignificantes porque no hay ninguno tan grande como el motivo propio.

Mi madre me dejaba jugar con ellos cuando era niña y, cuando crecí, incluso me dejó usarlos en varias ocasiones. Sus pendientes de ámbar eran un microcosmos de hermosura que me hipnotizaba. Pasé vidas mirando esas piedras, no muy grandes, a veces al sol, a veces a la sombra, a veces en lo oscuro... Y cada vez tenían un sabor diferente: al sol a caramelo con limón, a la sombra con canela, en lo oscuro con clavo. Solo de mayor entendí que lo que me fascinaba era el instante de vida que llevaban dentro: esos dos seres, casi gemelos, petrificados, sin rastros de dolor, intactos en sus figuras, sin ningún barroquismo retorcido de sufrimiento.

Así que no lo pensé y, cuando tuve que elegir un modo de desaparecer, no encontré otro mejor. Anduve tiempo buscando un lugar apropiado y encontré el bosque de Magasorhys, que me gustó. Ahorré lo suficiente para viajar y establecerme. Paseé por el bosque muchas veces hasta que lo encontré. Y el resto fue fácil. Me hice con grandes cantidades de azúcar moreno, canela, miel y limón. Estos tres últimos ingredientes no eran necesarios, pero yo quería fundirme con esos colores, los de mis ojos y los de mi madre (y también los de alguna otra cara olvidable, que no conseguí olvidar). Como no era un lugar transitado, fui llevando artilugios de gran tamaño y acumulando leña junto al árbol. Y una noche tranquila, con una honda paz por dentro y por fuera, hice un caramelo a fuego lento como para alimentar a un regimiento. Cuando la olla de caramelo estuvo lista, me bañé en ella desnuda y, arropada por esa ola tibia, me pegué al tronco de la araucaria que elegí, como una gran gota de resina.

El resto ha sido cuestión de tiempo. A mí me gustaría terminar atomizada, adornando los cuellos de las ninfas (que existen, las veo por aquí cada día), pero el hombre, que todo lo muta, todo lo cambia de sitio y todo lo pudre con su cultura, puede que me encuentre con el tiempo y exhiba esta piedra preciosa ambarina de origen humanovegetal como un trofeo de la naturaleza.

De todas formas, si alguna vez me ven en un museo, sepan que no he sufrido y que estoy así por mi gusto, precisamente por eso, por dejar de sufrir.

miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Quién ora pro nobis?

A @Conquinceletras

Hoy es titular de la prensa local. El pueblo de Sábrigo muestra un censo vacío de matrimonios en los últimos cinco años. Los periodistas especulan con el tema de la crisis económica como motivo de tan extraño hecho. Ni civiles ni religiosos, ni públicos ni ocultos, los enlaces matrimoniales convertirán al pueblo en el territorio de los solteros voluntarios de por vida. La alarma del alcalde se explicita en el artículo: sin tasa de natalidad, la vida de esta localidad será la del último niño nacido, que ahora tiene ocho años. Los ecologistas lo achacan a la nueva planta de residuos nucleares que desde hace una década funciona a cincuenta kilómetros y que puede haber inhibido a los jóvenes.

Los hombres mundanos no ven más allá de su propia ignorancia y no son capaces de percibir el halo de magia que nos rodea. Pero son inocentes. No se pueden conocer los secretos bien guardados y Sor Gabriela tenía uno. María era monja por vocación, aunque alguna vez tuvo su sueño de juventud, como toda niña de buena familia, el sueño de ser artista. Su cuerpecito frágil la trajo de vuelta, tras el noviciado, de las misiones africanas de nuevo a su tierra, y su esmerada delicadeza con la aguja la convirtió en poco tiempo en la bordadora de los ajuares de las niñas del pueblo.

Al ritmo de las blancas puntadas precisas sobre blancos manteles de algodón entonaba sus rezos por el trabajo que alimentara a la futura familia, sobre las toallas blancas de rizo mullido los de protección del cuerpo y la salud de la pareja y sus hijos, sobre las sábanas blancas los del amor sincero y tierno, sobre la lencería de la novia los de la dignidad de la mujer feliz.

Las novicias la acompañaban en sus tardes de costura, hasta que dejaron de llegar novicias y se sentaba sola frente a un espejo:

- Madre, deje de coser y despídase de su amiga hasta mañana.

- No es mi amiga, hermana. No me gusta que use el mismo hábito que yo, pero me acompaña en los rezos y borda bien.


Cuando ella faltó, cuando sus dedos arrugados dejaron de hilvanar hilos vírgenes para bordar las iniciales de los novios, las chicas y sus madres y sus suegras y sus cuñadas y sus amigas empezaron a bajar a la capital, al centro comercial a comprar en las dos grandes tiendas de enseres del hogar. Pero, claro, las costureras de Zara Home no conocen estas oraciones.


El sombrero gánster del bibliotecario


A @Antonomasico

Ha salido tan bien que no va a quedar más remedio que construir la arquitectura de otro golpe. Todas la chicas preparadas en su punto exacto, a la hora pactada, uniformadas, bien pertrechadas con las armas, blancas, químicas y de fuego, haciendo alarde de una sincronía milimétrica, asaltaron el casino por todos los flancos determinados. La operación fue limpia y transcurrió en 5 segundos menos de lo inicialmente establecido. Un único cadáver.

Vito estaba contento, celebrándolo de esmoquin rodeado de sus siete mercenarias vestidas de noche y oliendo a Chanel. Las dosis de adrenalina que inundaban su cuerpo enfermo en los dos últimos meses se elevó a la enésima potencia anoche mientras veía el golpe por circuito cerrado y controlaba los movimiento de su banda de mujeres. Iba a suceder solo una vez, por el gusto de ser malo. Pero ahora, sabiendo de la rapidez y disciplina de sus ahijadas, tenía tiempo para organizar otro "evento", como él lo llamaba, antes de que se cumpliera el diagnóstico.

Bibliotecario municipal, y corrector de pruebas en una editorial en su tiempo libre, lo más cercano a la aventura lo había vivido por las infinitas lecturas que poblaban su cabeza. Aunque solo con ser consciente de su nombre, Vito era también consciente de su pasado y de su corto futuro. Cuarentón soltero y diagnosticado de cáncer, el mismo día que abrió la carta de su oncólogo sintió la necesidad de desempolvar el álbum familiar, los vídeos de celebraciones domésticas, ya digitalizados, y una novela que escribieron sobre la biografía de su abuelo, una novela que en breve cumpliría cuarenta años y que fue llevada al cine. Y allí estaban todos sus familiares, felices, sonrientes, elegantes, extinguidos, absorbidos por el poder y la legalidad... Aniquilados... Un nombre, Vito, y un apellido americanizado que no dejara huella del pasado, eso era Vito.

Sin hijos a quien dejar ese legado se planteó rematar su vida con un golpe digno de su nombre y de su familia. Y como no podía ser de otra manera, sabio lector y corrector de tantas novelas negras, lo planeó todo como si del diseñó de un arco argumental se tratase. Y así también lo hizo con la selección de la chicas, a modo de casting. El mundo había cambiado, y a pesar de que su abuelo nunca aceptaría matonas mujeres, había que adaptarse a los tiempos y los tiempos actuales eran femeninos. Las entrenó tal como había leído en el diario de su padre, las vistió tal como había visto en las películas de mujeres guerreras y las mimó como en las comedias elegantes de teléfonos blancos. Y cuando tuvo dispuestas a sus amazonas, sucedió. Tan solo un muerto. Y eso sí estaba dispuesto a respetarlo. Algunas tradiciones son de educación básica -ya se lo recomendaba su primo Tonino- y así repitió el comportamiento de Johnny el Cumplido, que siempre mandaba flores a la viuda.

Morir como un Indiana Jones a lo ilegal era su deseo. El tratamiento estaba dando buenos resultados y no empeoraba. No podía ser de otro modo, quizás su futuro no va a ser tan escaso ni tan heroico como el del arqueólogo. Los diagnósticos cruzados y equivocados empiezan a ser más numerosos de lo que pensamos. Quizás su futuro está más cerca del perdedor de Breaking Bad. Quizás va a tener más tiempo para más golpes y quizás lo que no va a tener es marcha atrás.

Las compañeras del antiguo bibliotecario suspiran entre los anaqueles desde que se ha fugado. La biblioteca municipal va a necesitar un nuevo funcionario para atender los préstamos.

martes, 20 de marzo de 2012

La vida de las hojas muertas








Pincha las hojas de su diario en la ramas para encontrar el camino de vuelta. El siguiente en perderse llorará al conocer tal biografía.

Sabotaje


A la voz de ¡fuego! miles de pétalos salpicaron el aire, orgullosos como si adornaran a una virgen de pueblo, y las armas se rindieron ante la belleza de la primavera.

lunes, 19 de marzo de 2012

Cuaderno del inspector sensible


El día que se decidió a cambiar la placa del buzón, tan llena, supo que el duelo no se supera nunca más allá de lo simbólico.

____________

Cuaderno III. Casco Antiguo, 2012

Finca B.3, 126

Bajo A. Placa de buzón: Alegría Betancourt, María Betancourt, José Betancourt.
Son tres hermanos octogenarios. Desde hace una semana falta el hermano varón. La elegancia de las señoras está desgastada. La ropa buena se desgasta con las décadas. Una pensión de viuda y dos de jubilación. Llega puntualmente un boletín de hermandades.

Bajo B. Placa de buzón: J. A. Rivero García, M. Durán Rodríguez, J. A. Rivero Durán, M. Rivero Durán. Matrimonio con una hija adolescente. La mujer probablemente limpia en casas sin declararlo. El hijo mayor prefiere recibir aquí sus cartas pero no habita. Pareja de cervezas los viernes y los sábados, cuando no tienen la visita del nieto (hijo del matrimonio fallido del mayor, el que no quiere pagar las multas y conserva este domicilio). Cartas de banco, de telefonía, catálogos de venta a distancia, suscripciones de revistas de caza, pesca y moda.

Primero A y segundo C. Placas de buzón: vacías. Carteles exteriores en balcones de piso en alquiler. Conveniente investigación. Número de móvil coincidente entre ambos pisos y los de otras cinco fincas más en la misma manzana. Posible rentista especulador. A veces, las chicas del Primero D echan dentro envoltorios de chicles o caramelos.

Primero B. Placa de buzón: Carmen Benítez Leal. Jubilada soltera. No necesita seguimiento. Es educada y amable. Jamás usa zapatillas y cada noche, cuando baja a tirar la basura, deja una carta en su propio buzón, que recoge a la mañana siguiente cuando vuelve de comprar el pan con una de las Betancourt. Alegría le comenta siempre, pícara, de quién recibe tantas cartas a diario, pero cuando la pierde de vista susurra cariñosa y condescendiente: "Un día de estos seré yo quién te escriba. Y ese día te llevarás una sorpresa de verdad".

Primero C. Placa de buzón: Antonio Abril Luque, Dolores Rodríguez López. El piso está vacío. Entran y salen cargando bolsas de ropa o enseres de diverso calibre hombres de media edad. Probable anciano recientemente enviudado. Las vecinas del bajo recogen la publicidad para que no se note que el piso está desocupado.

Primero D. Placa de buzón (de papel, escrita a mano): Estefanía Romero, Pilar Martín, Lucía Camino, Robledo Núñez, Carlota Sánchez. Posible piso de estudiantes. Deben de ser de ciencias, porque salen poco; falta de concordancia entre sus nombres y la lengua que hablan, posiblemente eslava. El dueño (varón latino de unos treinta años) entra con su propia llave cuando las chicas no están. Desviar el caso a trata de blancas e inmigración. En el buzón solo hay publicidad acumulada.

Segundo A. Placa de buzón: Teresa Rodríguez Almansa. Jonathan Rodríguez Almansa. Madre soltera con hijo discapacitado. Sin trabajo reconocido pero con ingresos modestos. No investigable, bastante tiene. Solo recibe cartas del banco.

Segundo B. Placa de buzón: Manuel Benítez Rojas. Esperanza Iglesia Ruiz. Adelaida Ruiz López. Manuel Jesús Benítez Iglesia. Alberto Benítez Iglesia. Silvia Benítez Iglesia. Hoy ya no está esta placa. En este piso solo vive Manuel. Es posible que por fin se haya decidido a encargar una placa solo con su nombre. No ha vuelto a coger el coche desde que entró en el hospital. No recibe cartas.

Segundo D. Placa de buzón: Amaia Ruz. John Done. Amaia es artista plástica. Vive sola pero se siente segura si se ve alguien más en su buzón. Es joven, hermosa y motivo de mi interés por este bloque. Sus cuadros casi siempre son azules, el color de sus ojos y de la mayor parte de la ropa que lleva. He comprado dos de ellos. Parece fría y reservada, aunque yo también lo parezco. Algún día cenaré con ella en Montmartre. Recibe cartas anónimas de un enamorado desde hace dos meses, pero siempre llego a tiempo de interceptarlas.

Ático. Placa de buzón: Rich Montoya. Pedro Lafuente. Ying-Lu Montoya Lafuente. Matrimonio gay entrañable, profesores de literatura en instituto, con niña china adoptada. La abuela Sra. de Lafuente entra a las 7.45 cada mañana hasta que lleva a Ying al colegio a las 8.45. Son funcionarios. Están fichados. No necesitan investigación. Reciben boletines del sindicato.

Rectificación. El habitante del Segundo B ha vuelto a poner la placa original.

Violinista sin tejado


Se marcha. El verano, tras su violín, se pierde en el otoño.
Volverá con el tiempo de las cerezas. O quizás ellas vuelven cuando él llega.

Cainita





Casi cuatro años sin probar nada dulce hasta hoy. El sabor de la venganza contra su hermano, ya arruinado, se acaba de extinguir.