viernes, 11 de mayo de 2012

Kaperucita mística

Juanjo Caro

 


Busca al lobo con insistencia, esperando encontrar el momento de despiste del inoportuno leñador... pero no hay forma. Demasiadas madres, demasiadas abuelas, demasiados leñadores... Tan alta vida espera, que muere porque no muere...

Kaperucita drogó al leñador. E intimó con el lobo.

miércoles, 9 de mayo de 2012

El portador de cuentas


En un país muy lejano, hace mucho tiempo, un joven mercader, que lo tenía todo, no encontraba la felicidad. En otro país más lejano, una joven sibila le dijo que sería la felicidad quien lo encontraría a él, pero huiría sin quedarse si no le entregaba un presente hermoso. El mercader no supo leer entrelíneas y pensó en la hermosura material. El resto de su vida lo pasó acumulando en sus bolsillos perlas, piedras preciosas, ámbar pulido… hasta formar una larga cadena de cuentas alrededor de su cuerpo, cada vez más anciano, hasta que casi no se le veían más que los ojos. La felicidad, asustada de ser tan deseada por aquel hombre, ni tan siquiera se le acercó. Y así Diógenes se agotaba sepultado de hermosa y rica basura, y al agonizar se sintió feliz por un instante… La vio y le dijo: “Tendrías que haber venido antes”. Y ella, arrepentida, y un poco tarde, contestó: “¿Dónde ibas a estar mejor que aquí conmigo?”. Y murió con él.

Lo que pasó en mi ausencia

Se acabó el silencio. Sonó a cristal roto. De una pedrada entró el viento, volaron las cartas, los jugadores gritaban. Terminó la partida.

 "La elisión de revelaciones hace que en el relato gane autonomía la historia". Eso dijo el profesor mientras pensaba que en la vida también.

 Lleva puesto el traje de su padre, el que no quisieron descambiarle esta mañana, aun sin estrenar, mientras recibe los pésames en el duelo.

 Nadie comprenderá su empeño en casarse con él y menos que lo mate en la boda. La respuesta estaba en un callejón oscuro quince años atrás.

 Con todo preparado para una noche de amor, abrió la puerta sin mirar. Al llegar el invitado, el paraíso era ya un infierno que le imputaron.

 Los nuevos vecinos son aficionados a los dardos. Lo comprobará en su propio ojo al usar el agujero por el que espiaba a las otras inquilinas.

 El mundo se está derrumbando y, entre los escombros de las ruinas, ellos se enamoran. En un rincón desconchado nace, tímido, un jazmín.

El iluminado instigador salió de allí, sorteando los cincuenta y dos cadáveres suicidas, en busca de una nueva comuna.

 Pesado o ligero, pero cálido, cargado de vida y palabras que compartir conmigo, me gusta pasarte página a página lentamente entre mis manos.

 Mientras San Jorge lidiaba con el dragón, con el tallo de una rosa Cyrano escribía versos para la princesa sobre la arena de la playa.

En la jungla efímera y caótica de lonas de rayas, las gatas se transforman en panteras envueltas en volantes, lunares y flores de colores.

En el bullicio, la soledad me trae tu carita amable en la superficie de un caldo con manzanilla y hierbabuena. Te bebo y me inundo de ti...

 Se quitó las alas y las antenas. Las colgó en el perchero, tan cansado, jurando no salir a volar nunca más, igual que hará mañana...

Guiado por el mapa, llegó justo en el momento del abrazo de los mares y no le dejó ver la tierra, ni en ella el tesoro, solo la decepción.

De tanto odiar se va ahuecando hasta perder las vísceras quemadas en el fuego de su propia ira. Algunos bendeciremos su muerte. Y su olvido.

 "El amor vivo se alimenta de la libre voluntad sin compromisos convencionales". Moon, H. (2012): Formatos del amor maduro, NYC, Warinos&Co.

"Las mujeres independientes se niegan al amor hasta que encuentran el que no les exige esclavitud". Moon, H. (2012) (op. cit., p.25).

 "El amor maduro es sólido como la inteligencia, loco como las mariposas, reposado como el vino y feliz como..." Moon, H. (op. cit., s/p).

 Pies calzados en cráneos, órdenes de cadáveres exquisitos, huesos huecos de tuétanos. Cadenas negras, puños rojos. Asperezas sórdidas.

Gritos sordos de miedo a plena luz del día recorren tu cuerpo, desembocan acuosamente por los ojos y esquivan las gafas de sol delatándote.

 Quiero morir (nadie responde). Quiero morir (yo también). Quiero morir (ya estás muerto, solo debes seguir viviendo).

"Miré los muros de la patria mía" y vi al gigante aplastando el castillo de arena y vi las conchas ahogarse y me uní a ellas.

Tres guardianes del Gran Hermano vigilaban desde la azotea del ayuntamiento. No movían los labios, pero por dentro también cantaban Al alba.

Hoy llueven acuáridas en la luna, que quisiera estar mojando de estrellas al escorpión esta noche en sus desiertos plateados.

 Se dobló cuanto pudo hasta troncharse para dar sombra al brote de más abajo, que debía sobrevivir al sol. Ya mustia oyó un "Gracias, mamá".

A la deriva en la balsa creyó alucinar al ver en el cielo: "Cocacola" y tomó la píldora mortífera. En la orilla, la avioneta tiraba balones.

 La diosa sin creyentes regresa, humilde, a pedir perdón. Cibeles le propone elegir entre ella y Atalanta y comprendió cuál era su castigo.

 Tan solo se encontró una nota junto al cuerpo hinchado y amoratado: "Por fin mi alergia a los cacahuetes me ha sido útil".