y se ha visto nubes alrededor de los ojos.
jueves, 1 de marzo de 2012
Mientras tú dormías...
y se ha visto nubes alrededor de los ojos.
El rastro de tu sangre en la nieve

(El rastro de tu sangre en la nieve es probablemente el más bello de los Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez)
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. ¡Qué escandalosas son las adolescentes hasta para descongelarse!
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. Tras el susto, la limpiadora se limitó a escamondar el sirope de fresas.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. Ya estaba otra vez la gata en celo.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. Los juguetes del niño al final de ese camino presagiaban lo peor.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. El jamón sobre la encimera, el cuchillo en el suelo y el abuelo en urgencias.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. Nunca se olvida la imagen de una esposa con la cabeza volada.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. El crucifijo del cabecero de la cama estaba vacío.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. Las duchas del matadero no funcionaban ese día.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. Otra vez a lavar a mano el uniforme del marido.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. Formaba palabras: "Feliz cumpleaños, mi amor".
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre. Y en el sofá, su nietecita la emanaba por las manos y la frente con cara de santidad.
Entró en casa con la luz del móvil. Descubre y sigue un rastro de sangre, imaginando en segundos hasta doce finales para esa incertidumbre agónica.
martes, 28 de febrero de 2012
El explorador de escombros

La réplica de las 17.50 se produjo justo en el momento en que el único explorador escombrero de vida subterránea daba con ellos. Vivían. El señor Presidente, su esposa y sus hijos salían a la luz del sol de nuevo. Ninguno de ellos pensó entonces en que el señor Presidente ya no tenía casi nadie a quien presidir.
Como siempre: Juanjo Caro
No tengo título
lunes, 27 de febrero de 2012
Déjame esta noche...

Y qué poco ibas a durar puesto...
De mujeres tristes (III y último)

Solo necesitó pintura, una escalera y un apartamento en alquiler para iniciar su nueva vida, sola, a los cuarenta años.
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Llegado ese otro día, a sus cuarenta años e iniciando una nueva vida, sola, necesitó una escalera para pintar el apartamento. En el trastero había una. Y nada resultó extraño ni sorprendente cuando de ella bajó una mujer con alas de mariposa que se sentó a contarle historias mientras pintaba. Le enseñó todo lo que sabía, todas sus técnicas de narración, todos sus registros, y aprendió rápido y con gusto. A ratos se contaban sus vidas y le pareció fascinante saber que la niña triste de la crisálida tuvo su contadora de cuentos, que se la llevó con ella antes de que terminara su transformación, único ejemplar de mujer-insecto. Dejaron el piso recién pintado y también subió la escalera, con muchas historias que narrar, sintiéndose más una mujer esperada que una de las desesperadas.
De mujeres tristes (II)

Los gusanos gigantes los invadieron e hicieron crisálidas a la familia. En primavera tres de las mariposas serán más grandes que las demás.
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Y llegó mañana y allí estaba esperándola. No hacía mucho había oído en la radio un relato de terror. Se titulaba Ninfosis. Ese era el cuento que le vendría bien a una chica insegura de dieciocho años. Y relató. Una comarca era invadida por enormes y repugnantes gusanos. Serpentearon hasta una casa, esclavizaron a la familia, un matrimonio y dos niños. Los envolvieron poco a poco hasta convertirlos en crisálidas. Un día de primavera el valle estalló en colores salpicándolo todo de mariposas, tres de ellas de mucho mayor tamaño que las demás. La joven insegura no quedó contenta y se hizo preguntas. Ninfosis es el proceso de transformación del gusano en mariposa, pero a estas alturas de su escasa vida sabía, aunque no lo había visto, que algunas mariposas llegan a convertirse en gusanos. Sisofnin podría llamarse a dicho recorrido inverso. Tal vez el que ella estaba experimentando. Estaba lista y preparada. Se dieron la mano y ambas comenzaron a ascender por la escalera. Mientras subían, la joven le preguntó qué sucedió con el cuarto miembro de la familia que no se convirtió en mariposa. Pero eso, cuando lo sepas, serás tú quien debas contarlo otro día.
Fotografía Metamorfosis humana, de Taylor James
De mujeres tristes (I)

“Si me esperas aquí mañana, volveré para contarte otra historia”. Y se fue, subiendo la escalera que terminaba en las nubes.
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La niña también se fue. Regresó a su casa grande, lujosa, antigua, silenciosa y aburrida. No llegó a quitarse sus zapatos cursis. Corrió por el campo hasta alcanzar de nuevo el claro neblinoso donde se encontraba con la niña de la escalera desde hacía un mes. Mientras corre solo piensa en Alicia, en el espejo, en el conejo, en pasar al otro lado. No fue capaz de esperar y subió la escalera decidida y valiente. Y convertida en contadora de historias para niñas tristes, la siguiente en bajar la escalera fue ella. En la comarca la buscaron durante meses y, cuando otra niña triste, la hija del predicador, dijo que la veía en un claro del bosque todos los días, que estaba bien, que se le veía feliz y que le contaba cuentos, los hombres fueron con antorchas buscando ese lugar que nadie recordaba en la zona y que nunca encontraron. El caso tomó oficialidad cuando la siguiente en desaparecer fue la hija del vicario. Así fue creciendo la legión de niñas cuenta cuentos en número… y en edad. Ahora son jovencitas que entretienen a otras chicas solitarias que sueñan con pasar al otro lado cuando ven La rosa púrpura de El Cairo. Si quieres conocer a alguna, cuando encuentres una escalera, mira hacia arriba. Y si me esperas aquí mañana, volveré para contarte otra historia.
Fotografía de Lissy Elle
Hasta que estalle
Cada vez que entras en mi despacho tiemblo, me vibran los filamentos, se me empaña el cristal de cobertura y giro un poco sobre mí misma para evitar la corriente. Llevo poco más de un año aquí, escondida en este flexo verde de diseño antiguo que casi nunca se enciende. Y ese poco más de un año me ha servido para ver morir a mis compañeras una a una, las antiguas y algunas de la nuevas, las normales y las de bajo consumo, las halógenas y las fluorescentes. Y me llegan rumores de las muertes en silencio de las del pasillo, las del ascensor, las del recibidor y otros despachos a tu paso… Y hoy… hoy he sentido que morirme ahora sería una grandísima faena pero no me hubiera importado. Hoy podría fundirme, reconociendo que, aun controlando la impaciencia, no dejo de repetir inconscientemente: “Mírame y fúndeme ahora… hasta que estalle”.
Con vida propia

Tras la huelga japonesa de los microescritores, las letras han seguido en movimiento formando palabras como locas...


