Mi maestro siempre decía: "Cuando se siente, no se escribe". Se refería a los poetas y su vivencia real y escritural. Cuando el poeta está viviendo, está sintiendo, no puede escribir, no tiene distancia. Es siempre antes o después cuando se escribe, cuando el deseo o el miedo de lo que vendrá se fija en palabras, cuando el goce o el sufrimiento de lo que pasó se fija en palabras.
Yo estoy viviendo. Y aunque no siempre escribo sobre lo que siento, es indudable que vivir con serenidad permite la escritura de terceras cosas. Si además se está viviendo como si se estuviera muriendo, nada se puede escribir sin que lo escrito pueda ser objeto de arrepentimiento algún día.
Enfundo mi pluma. Le permito una tregua para que deje de perseguir a las palabras, ensartarlas una a una hasta matarlas en el sentido nuevo que adquiere cada una de ellas en el universo cerrado de cada entrada de este blog, en cada microtexto.
No sé si será breve o largo el descanso público. Lo que me pida la vida... eso le daré.
lunes, 28 de mayo de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
Los cuatro elementos
La decepción germina y brota en la tierra, flota en el agua,
huye volando del fuego
huye volando del fuego
y dibuja en el aire tu nombre en forma de nubes.
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