miércoles, 9 de mayo de 2012

El portador de cuentas


En un país muy lejano, hace mucho tiempo, un joven mercader, que lo tenía todo, no encontraba la felicidad. En otro país más lejano, una joven sibila le dijo que sería la felicidad quien lo encontraría a él, pero huiría sin quedarse si no le entregaba un presente hermoso. El mercader no supo leer entrelíneas y pensó en la hermosura material. El resto de su vida lo pasó acumulando en sus bolsillos perlas, piedras preciosas, ámbar pulido… hasta formar una larga cadena de cuentas alrededor de su cuerpo, cada vez más anciano, hasta que casi no se le veían más que los ojos. La felicidad, asustada de ser tan deseada por aquel hombre, ni tan siquiera se le acercó. Y así Diógenes se agotaba sepultado de hermosa y rica basura, y al agonizar se sintió feliz por un instante… La vio y le dijo: “Tendrías que haber venido antes”. Y ella, arrepentida, y un poco tarde, contestó: “¿Dónde ibas a estar mejor que aquí conmigo?”. Y murió con él.

1 comentario:

  1. Es uno de mis mayores miedos, amiga mía: que me llegue la hora y descubra que he perdido algo muy hermoso que estaba reservado para mí y que el motivo de la perdía sea un error mío o un simple robo por parte de alguien que anduvo más listo.
    Sea como sea, este es un terror cerval que acosa a la humanidad de un modo atávico.
    Es difícil acertar a la hora de elegir un modo de vivir.
    Me ha gustado mucho, amiga mía.

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