jueves, 23 de febrero de 2012

De usar y quemar






Sí, todos los días le escribo una carta, la perfumo, la ensobro y la quemo antes de que llegue. No todas las penélopes sabemos tejer.



(Las cartas no son más que un trozo de papel. Aunque se quemen, en el corazón siempre queda lo que tiene que quedar; por más que las guardes, lo que no tiene que quedar desaparece. H. Murakami)

2 comentarios:

  1. Hace unos años quemé una carta, era una noche preciosa de verano, eso jamás lo olvidaré; pero tampoco olvidaré a la persona que tejió esa carta que, a día de hoy, me gustaría tener entre mis pequeñas cosas del pasado.

    Quizá esto hace bueno lo que acabas de escribir y lo que escribió también Murakami; si hubiera bastado con quemar la carta hoy esta historia no me hubiera venido al recuerdo.

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  2. Yo nunca he quemado ninguna carta. El fuego me resulta purificador. Si alguna vez he querido borrar algo escrito en papel, he preferido romperlo a trocitos muy pequeños, una forma de contribuir más personalmente a la destrucción. Y es curioso,pero aunque sé que he roto alguna que otra, no recuerdo ni de quién ni por qué.

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