Sin ni siquiera verlo, con su voz, el mundo pierde sus dimensiones y sus
tiempos. Como hoy. Como cuando llama de vuelta de sus viajes
lejanísimos para decirle que está bien, sin motivo ni justificación. Y
cada primer día laborable de septiembre es su aniversario, aprovechan
para besarse, casi la única vez en el año, con la excusa de la vuelta de las
vacaciones. Doce años enamorados se resumen en doce besos y doce roces
de mejillas, que van construyendo la radiografía del envejecimiento de
un amor en estado puro, del amor que no coincide, de amores que llegarán a estar en zapatillas, bastones y pastilleros.

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