lunes, 27 de febrero de 2012

De mujeres tristes (I)


“Si me esperas aquí mañana, volveré para contarte otra historia”. Y se fue, subiendo la escalera que terminaba en las nubes.

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La niña también se fue. Regresó a su casa grande, lujosa, antigua, silenciosa y aburrida. No llegó a quitarse sus zapatos cursis. Corrió por el campo hasta alcanzar de nuevo el claro neblinoso donde se encontraba con la niña de la escalera desde hacía un mes. Mientras corre solo piensa en Alicia, en el espejo, en el conejo, en pasar al otro lado. No fue capaz de esperar y subió la escalera decidida y valiente. Y convertida en contadora de historias para niñas tristes, la siguiente en bajar la escalera fue ella. En la comarca la buscaron durante meses y, cuando otra niña triste, la hija del predicador, dijo que la veía en un claro del bosque todos los días, que estaba bien, que se le veía feliz y que le contaba cuentos, los hombres fueron con antorchas buscando ese lugar que nadie recordaba en la zona y que nunca encontraron. El caso tomó oficialidad cuando la siguiente en desaparecer fue la hija del vicario. Así fue creciendo la legión de niñas cuenta cuentos en número… y en edad. Ahora son jovencitas que entretienen a otras chicas solitarias que sueñan con pasar al otro lado cuando ven La rosa púrpura de El Cairo. Si quieres conocer a alguna, cuando encuentres una escalera, mira hacia arriba. Y si me esperas aquí mañana, volveré para contarte otra historia.

Fotografía de Lissy Elle

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