Tengo la gran suerte de tener una madre andaluza (una "especial" de Algeciras) y la vida me ha llevado muchas veces a varias ciudades del dorado sur.
Pero de entre todas ellas destaca Sevilla, jamás olvidaré un atardecer; llegaba por la ruta de la plata desde Santander y Sevilla, de pronto, se engalanó con el más precioso atardecer que haya visto en mi vida.
Nunca fui consciente del amanecer a orillas del Guadalquivir (el amanecer es frío, no sé porqué siempre me ha traído al recuerdo a la muerte), pero me llevo de tu blog esa agradable sensación que me ha producido la imagen y (sobre todo) el vibrante, y subyugante, texto.
Haciendo velada alusión a tu post anterior: en mi cántabra sangre de nieve convive, amorosa, la calidez embriagadora del sol andaluz.:)
Tengo la gran suerte de tener una madre andaluza (una "especial" de Algeciras) y la vida me ha llevado muchas veces a varias ciudades del dorado sur.
ResponderEliminarPero de entre todas ellas destaca Sevilla, jamás olvidaré un atardecer; llegaba por la ruta de la plata desde Santander y Sevilla, de pronto, se engalanó con el más precioso atardecer que haya visto en mi vida.
Nunca fui consciente del amanecer a orillas del Guadalquivir (el amanecer es frío, no sé porqué siempre me ha traído al recuerdo a la muerte), pero me llevo de tu blog esa agradable sensación que me ha producido la imagen y (sobre todo) el vibrante, y subyugante, texto.
Haciendo velada alusión a tu post anterior: en mi cántabra sangre de nieve convive, amorosa, la calidez embriagadora del sol andaluz.:)